Cuando las arterias coronarias se estrechan u obstruyen, el corazón recibe menos oxígeno y nutrientes. El resultado puede ser dolor torácico, falta de aire, fatiga o incluso un infarto. Ante este escenario, surgen dos rutas de tratamiento de alta efectividad: la angioplastia con stent (intervención por catéter) y la revascularización quirúrgica o bypass aortocoronario. Elegir entre una y otra no es un acto automático; requiere analizar anatomía coronaria, estado clínico, comorbilidades, preferencias del paciente y la experiencia del equipo. La guía de un cirujano cardiotorácico resulta esencial para tomar una decisión informada y segura a corto y largo plazo.
Dos estrategias con un mismo objetivo: restaurar el flujo coronario
- Stent (angioplastia coronaria): mediante un catéter que se introduce por arteria radial o femoral, se dilata la lesión con un balón y se implanta un stent (generalmente farmacoactivo) para mantener la arteria abierta. Suele requerir doble antiagregación plaquetaria durante un periodo definido.
- Bypass (revascularización quirúrgica): el cirujano cardiotorácico crea puentes usando injertos arteriales (como la mamaria interna) y/o venosos para llevar sangre más allá del punto obstruido. La cirugía puede ser convencional con circulación extracorpórea o sin bomba en casos seleccionados, y cada vez con más frecuencia incluye estrategias de mínima invasión.
Ambas técnicas buscan reducir síntomas, mejorar calidad de vida y disminuir eventos mayores como infartos y reingresos. La diferencia radica en a quién se le indica cada una, su durabilidad y los cuidados que exigen.
¿Quién tiende a beneficiarse más de cada opción? Pistas prácticas
La decisión final se toma en un equipo multidisciplinario (Heart Team), pero existen escenarios donde, de forma general, una estrategia muestra ventajas:
Perfiles donde el stent suele ser la primera opción
- Infarto agudo de miocardio con arteria culpable identificada: el tiempo es músculo; abrir la arteria con angioplastia primaria es el estándar para limitar el daño.
- Lesiones focales y no muy complejas (bajo puntaje anatómico), especialmente en una sola arteria.
- Pacientes con alto riesgo quirúrgico por fragilidad extrema o comorbilidades que contraindican temporalmente la cirugía.
- Necesidad de recuperación muy rápida por motivos sociales o laborales, siempre que la anatomía lo permita.
Perfiles donde el bypass ofrece ventajas de durabilidad
- Enfermedad multivaso (dos o tres vasos) con anatomía compleja o difusa.
- Compromiso del tronco coronario izquierdo (la arteria “principal”), en muchos casos.
- Pacientes con diabetes y enfermedad difusa: la revascularización quirúrgica con injertos arteriales múltiples suele aportar mejor supervivencia y menos reintervenciones a largo plazo.
- Lesiones calcificadas/ostiales complejas o cuando ya hubo reestenosis repetida tras uno o más stents.
Cómo se decide: variables que tu equipo evaluará
El cirujano cardiotorácico y cardiología intervencionista integran:
- Anatomía coronaria: número de vasos enfermos, localización, longitud y calcificación de las lesiones, presencia de tronco izquierdo y calidad de vasos distales para el injerto.
- Estado clínico: estabilidad, fracción de eyección, insuficiencia cardiaca, síntomas y respuesta a fármacos.
- Comorbilidades: diabetes, enfermedad renal crónica, EPOC, fragilidad, obesidad, antecedentes de cirugías.
- Preferencias del paciente: tolerancia a la doble antiagregación (en stent), expectativas de recuperación, retorno al trabajo, estilo de vida.
- Contexto hospitalario: disponibilidad de sala híbrida, experiencia en mínima invasión, programas de rehabilitación cardiaca y soporte intensivo.
Durabilidad y riesgo de reintervención
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Stent: excelente para lesiones puntuales. Existe riesgo de reestenosis (menor con stents farmacoactivos de nueva generación) o trombosis si no se mantiene la antiagregación indicada. En ciertas anatomías, pueden requerirse reintervenciones a mediano plazo.
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Bypass: los injertos arteriales, especialmente la mamaria interna a la descendente anterior, muestran patencia muy alta a 10–15 años. La cirugía ofrece un beneficio sostenido en enfermedad extensa, con menor necesidad de nuevas intervenciones.
Recuperación: qué esperar en cada ruta
Stent
- Hospitalización corta; a menudo alta en 24–48 horas si no hay complicaciones.
- Actividad habitual en pocos días, con restricciones leves al principio.
- Medicamentos: doble antiagregación durante meses (según stent y perfil) y fármacos cardioprotectores.
Bypass
- Estancia promedio mayor, con paso por UCI cardiotorácica al inicio.
- Dolor controlado y movilización temprana desde el hospital.
- Rehabilitación cardiaca estructurada para recuperar capacidad funcional, progresando en 4–8 semanas según el caso.
- Ventaja a largo plazo en síntomas y, en perfiles seleccionados, en eventos mayores y supervivencia.
Seguridad: cómo se mitigan los riesgos
Cualquier intervención mayor conlleva riesgos. Para minimizarlos, los equipos aplican:
- Protocolos de prevención de infecciones y conservación de sangre en cirugía.
- Ecocardiografía transesofágica intraoperatoria y monitorización hemodinámica avanzada.
- En angioplastia: imagen intracoronaria (IVUS/OCT) para optimizar el despliegue del stent y reducir reestenosis.
- ERAS (Enhanced Recovery After Surgery) para acortar estancia y acelerar recuperación en bypass.
- Rehabilitación cardiaca que reduce reingresos y mejora la calidad de vida.
¿Existe una tercera vía? Revascularización híbrida
En anatomías mixtas, puede proponerse una estrategia híbrida: por ejemplo, injerto mamario a la descendente anterior (el vaso más importante) mediante mínima invasión, y stents en otras arterias menos complejas. Esta combinación busca lo mejor de ambos mundos, reduciendo trauma quirúrgico y optimizando la durabilidad global.
Tu papel en la decisión
La toma de decisiones compartida es central. Durante la consulta con el cirujano cardiotorácico, pide que te expliquen:
- Riesgos y beneficios de cada opción en tu anatomía y comorbilidades.
- Durabilidad esperada (patencia de injertos vs. riesgo de reestenosis).
- Requisitos de medicación (antiagregantes/anticoagulantes) y controles.
- Tiempo de recuperación, retorno al trabajo y al ejercicio.
- Alternativas de mínima invasión o plan híbrido si aplican.
Lleva tus estudios (eco, cateterismo, TAC, RM), tu lista de medicamentos y un registro de síntomas. Ir acompañado ayuda a comprender mejor indicaciones y a organizar el apoyo en casa.
Preguntas útiles para tu cita
- ¿Mi caso se beneficia más de bypass o stent, y por qué?
- ¿Soy candidato a mínima invasión o a una estrategia híbrida?
- ¿Qué resultados esperan a 1, 5 y 10 años en mi perfil?
- ¿Cuánto tiempo estaré hospitalizado y cuándo podré conducir o trabajar?
- ¿Qué medicamentos necesitaré y por cuánto tiempo?
Señales que requieren atención inmediata, elijas lo que elijas
- Dolor torácico opresivo persistente o que cambia de patrón.
- Disnea en reposo o con esfuerzos mínimos.
- Palpitaciones sostenidas, síncope, mareo incapacitante.
- Signos de infección tras la cirugía (fiebre, enrojecimiento o secreción de la herida).
- Sangrado anormal o hematomas extensos si estás con antiagregación/anticoagulación.
Estilo de vida y seguimiento: el pilar que no se reemplaza
Ninguna intervención sustituye el cuidado a largo plazo. Mantén presión y glucosa controladas, alimentación cardioprotectora, ejercicio pautado e invierno libre de tabaco. Acude a tus controles con el cirujano cardiotorácico y cardiología, y participa en rehabilitación: mejora capacidad funcional y reduce eventos.
Elegir entre bypass y stent no es una competencia, sino un ejercicio de personalización. Con la guía de tu cirujano cardiotorácico, podrás entender tu anatomía, tus riesgos y tus metas, y así optar por la ruta con el mejor balance entre seguridad, recuperación y durabilidad.
Rehabilitación cardiaca estructurada para mejorar capacidad funcional y reducir reingresos.
Acude a Hospital Ángeles para una evaluación con cirujano cardiotorácico si presentas uno o varios de los siguientes signos: